
Acabo de leer otro de los estupendos libros de Stefan Zweig. Esta vez se trata de Conciencia contra Violencia, terminado en abril 1936, con Hitler ya preparando campos de exterminio y duchas de gas, echando pestes de judios, negros y gitanos, vaciando universidades de librepensadores y comunistas y lanzando ojos libidinosos sobre la vecina Polonia. Cinco meses después inicia la II Guerra Mundial. Pues bien, esa es la ocasión perfecta para recuperar a un librepensador casi absolutamente desconocido y enfrentarlo de nuevo, en un hermoso libro lleno de mensaje, contra quien fuera su mayor y más terrible enemigo, el absolutista y aburrido Calvino, cuya intolerancia se coloca en evidente y manifiesta contradicción con el espíritu inicial de la reforma protestante. El libro está lleno de hermosos, vivos y apasionados pasajes procedentes tanto de la pluma de Zweig como de la de Castillion: "Matar a un hombre no es defender una doctrina, es matar a un hombre"; "El mundo es improductivo y estéril cuando no está impregnado de alegría ni estimulado por la práctica de la libertad"; "Incluso la verdad más auténtica, cuando es impuesta por la violencia, se transforma en un pecado contra el espíritu". No quiero contaros más de este ensayo biográfico profundo y emocionante, escrito siempre con la pasión, fuerza y convencimiento del hombre que ama y confía y que recomiendo a todo aquel que se interesa por los orígenes de la libertad de conciencia, que está preocupado por mantener los valores que representa y que está dispuesto a defenderlos siempre, con la acción o con la palabra, contra la intolerancia.